La lógica no es algo que preocupase demasiado a los grandes señores al momento de desarrollar las grandes obras. El problema es otro, la jurisdicción que define/decide qué es una gran obra. Y el problema, como tantos otros, es perpetuo.
A nada contribuyen la verbigracia fútil y la mamada amistosa. A nada salvo a perpetuar el error, que ahí es nada.