He dejado el último capítulo de la primera temporada de Mad Men a medio mirar por razones de lo más peregrinas:
- Contiente una moralina acojonante detrás de tanta supuesta transgreción
- Nuestro hombre, Don Draper, es un mamón y un cobarde: un mierda.
- El rollo con el suicidio del hermano para justificar a esa niña coqueta que es el hijo de puta de Pete Campbell es de una ridiculez que da miedo.
Los alucinantes primeros 6 episodios quedan en nada cuando se empieza a profundizar, digámoslo así, en la Psicologia del personaje principal. Esto, que es una de las monsergas más clásicas del cine, es un problema. Uno grave.